La ruina del cirujano que la embarró con el derriere de Jessica Cediel

La ruina del cirujano que la embarró con el derriere de Jessica Cediel

Al cirujano Martín Carrillo le llovía la clientela por la precisión de su bisturí hasta que le llegó la demanda de la modelo y amiga al que un juez le dio la razón.

Se conocieron en las fiestas de fin de año de Puerto Gaitán Meta en el 2008. La química fue inmediata. Él, Martín Carrillo era conocido ya por ser el cirujano estético de confianza de los famosos. Ella, Jessica Cediel, empezaba a ser reconocida como una de las mujeres más sexys de Colombia. Su único problema era el acné que a veces le invadía el rostro. Nadie era capaz de curárselo. El único que lo logró fue Carrillo quien en un par de meses borró cualquier vestigio de espinilla en su cara.

En su clínica, en la calle 61 con quinta en Bogotá, los famosos abarrotaban su agenda. Carrillo era el amigo ideal que necesitaba una estrella incipiente como Cediel además de ser su paño de lágrimas. Entre el 17 de enero y el 5 de agosto del 2009 Carrillo le realizó cinco operaciones. Le había vendido la idea de aplicarse unas inyecciones que le ayudarían a hacerle crecer las nalgas. Le puso ejemplo de otras mujeres que se habían sometido al tratamiento y Cediel, teniendo en cuenta la cercanía con su amigo, asintió contradiciendo lo que le recomendaban sus papás.

Al principio todo parecía haber salido bien. Cediel ganó en el 2010 el premio a la mejor cola de Colombia. Dos años después, a principios del 2011, Cediel, estricta en sus dietas, implacable en su régimen de gimnasio, vio con asombro como al comienzo de su espalda se le desarrollaba un gordo. Intensificó sus ejercicios, se untó pomadas, aguantó hambre pero el gordo no se iba. Le aconsejaron tratarse con Oscar Tirado, un médico de Medellín especialista en reducciones. El médico apenas le vio el gordo le preguntó “¿A ti que te hicieron?” Cediel no recordaba otra intervención que la que le hizo su mejor amigo. El diagnóstico era lapidario: en su cuerpo tenía biopolímeros, plástico líquido. Había que someterlo a rayos láser para derretirlo. Empezó una tortura para la modelo y presentadora que se traducía en un desvelo constante. En la cama, antes de dormirse, sentía como los biopolímeros se movían en su cuerpo.

Carrillo, al aplicarle las inyecciones a Cediel, estaba tranquilo. En el 2008 el producto había sido aprobado por INVIMA. Unos meses antes de la aplicación a Cediel, las condiciones del producto fueron modificadas. Carrillo, quien también le había aplicado el mismo líquido a su hermana, no sabía nada. Carrillo intentó hablar con la modelo pero fue imposible. El escándalo estalló al hacerse pública la demanda. La modelo le exigía al médico 400 millones de pesos para cesar la querella. No hubo conciliación. Empezaría el final de Carrillo.

El bumangués, graduado de la Universidad Industrial de Santander, pasó al infierno en unas cuantas horas. Todos sus 1.700 clientes y sus amigos le dieron la espalda. Quince días después de destaparse el escándalo fue internado en la Clínica Monserrat en medio de una depresión que no lo dejaba dormir. El llanto era una catarata imparable. En el 2012 cerró su clínica y un año después, acosado por el juicio, el descredito, y el escarnio público, regresó a Bucaramanga. Su familia sufrió como nadie. Sus sobrinos y su mamá dependían económicamente de él. Su mamá hoy en día es víctima de un cáncer terminal. Para sobrevivir recurre a la caridad de sus amigos y a algunas charlas esporádicas de superación personal que a veces le asignan. Atrás quedaban casi 20 años de carrera y más de 4.000 cirugías estéticas. Pensó todo el tiempo en pegarse un tiro en la sien. Ya no tenía ganas de vivir.

Las malas noticias continuaron para Carrillo. Mientras Cediel se convertía en una estrella en Univisión y entraba al círculo íntimo de gigantes de Hollywood como Jeremy Reneer o los escarceos amorosos con Tom Cruise, para su ex amigo el Cristo seguía de espaldas. El 9 de mayo del 2015, después de leerle un escrito de 16 páginas, lo acusó por lesiones personales dolosas con perturbación síquica permanente, un delito que podría tener hasta cuatro años de cárcel. La pesadilla estuvo a punto de hacerse realidad el pasado 9 de marzo cuando el Juzgado 13 Penal lo condenó a 48 meses de prisión y a una multa de 39 salarios. Se le concedió la libertad condicional. Los argumentos para condenarlo radican en que Cediel no autorizó por escrito la aplicación del producto y que este líquido, el Hialucorp, no se podía usar en cantidades superiores a 5 ml.

Siete meses después Carrillo sigue peleando. Se siente una víctima. Nunca antes un médico había sido condenado por un procedimiento quirúrgico. La abogada de Carrillo, Gina María García Chávez, ripostó ante el Tribunal Superior de Bogotá. Carrillo, como lo ha hecho en los últimos siete años, espera que su prestigio profesional y sus miles de clientes, renazcan de las cenizas.