Álvaro Uribe el maquiavélico

Uribe es cualquier cosa menos tonto y su maldad parece no tener límites, con sus estrategias es incluso capaz de vender a su subpresidente para quedar como gran benefactor del pueblo.

La maldad y perversión del senador Uribe parecen no tener límites. En poco menos de cien días de gobierno de su obediente áulico Iván Duque, ya se empiezan a ver atisbos de fuego amigo que nos recuerdan los inicios del gobierno de su pupilo Juan Manuel Santos por estos mismos días del año 2010.

La estrategia del expresidente es muy simple, pero sobre todo manipuladora: lanza propuestas evidentemente cargadas de mala intención en contra del grueso de la población, para luego salir a debatir y controvertir de la manera cínica y descarada que le caracteriza para exaltarse como gran benefactor y salvador del pueblo. 

Ciertamente la voracidad por el poder del señor Uribe es inconmensurable. Cada día demuestra más de lo que es capaz con tal de atornillarse al poder de manera vitalicia.

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Sabe muy bien que los resultados de su estrategia son más que efectivos. Su electorado, el mismo que eligió a los últimos dos presidentes, ha caído en algo que es muy parecido al fanatismo ciego, estando dispuesto a seguirle hasta en las situaciones más comprometedoras.

La nueva perla del Ubérrimo es la “contundente oposición” a la reforma tributaria llamada con el eufemismo de Ley de Financiamiento, que nos obligará a pagar IVA en todos los productos de la canasta familiar, abonando el terreno a la perpetuación de la pobreza en los estratos más bajos y con menor poder adquisitivo.

La supuesta devolución del IVA a los hogares más desfavorecidos no es más que una utopía, ya que es muy bien sabido que los sectores más pobres de las ciudades no están bancarizados, por no hablar de los sectores rurales quienes ni siquiera tienen acceso a Internet ni cajeros automáticos.

Uribe es cualquier cosa menos tonto. Él sabía perfectamente el efecto que generaría en la opinión pública y, en los sectores técnicos de la economía, la propuesta del aumento de la base gravable del impuesto al valor agregado. Sabía que la avalancha tendría dimensiones demoledoras en la percepción que el grueso de la población tendría del gobierno Duque.

Pero por supuesto, maquiavélico como ha sido siempre, mientras le daba la siniestra orden ejecutoria a su presidente de bolsillo y al ministro de Hacienda que él mismo eligió, se frotaba las manos de regocijo de ver la efectividad de su oscuro plan.

Solo restaba el zarpazo final: la expedición de un burdo comunicado en el que primero le da palmaditas en la espalda al gobierno, reafirmando su apoyo irrestricto y consolidando su deseo de éxito a tan magnánimo equipo de trabajo, para luego dar la puñalada por la espalda solicitando al ministro considerar otras alternativas para no gravar con el impuesto del IVA  la canasta familiar, ya que con esto, a pesar de beneficiar —según ellos— a los más pobres a través de la tan cacareada devolución del dinero pagado por el impuesto, afectaría a las clases medias y ahogaría las finanzas de los sectores emergentes.

Todo absolutamente premeditado. Primero lanza a los leones a su gregario subpresidente, para luego saltar a la arena como el gran salvador y benefactor de los pobres de Colombia.

Ya lo había hecho semanas atrás a través de su maquiavélica propuesta de aumentar el salario mínimo de los más necesitados, yendo en contravía de las tesis del ministro Carrasquilla, quien cree abiertamente que el salario mínimo en Colombia es “ridículamente alto”, para luego enterarnos que se trataba de una estrategia para llenar los bolsillos de sus amigos dueños y señores de las compañías de pensiones y cesantías entre quienes se cuenta su amigo el señor Sarmiento Angulo. 

La capacidad de manipulación del señor Uribe va mucho más allá de una simple cadena de noticias falsas y de la conocida estrategia de hacer creer a sus incautos electores que seremos otra Venezuela.

Su poder maquiavélico es mucho más profundo y cada día se supera a sí mismo en su intención de engaño y degradación a un pueblo que le ha seguido y servido en sus macabras intenciones.

Su sed de poder llega incluso a los niveles más bajos y rastreros de los que se tenga memoria en la política colombiana, siendo capaz de “vender” a su “querido subpresidente” con tal de seguirse alimentando de la carroña que lo llevó a ser presidente de la República y uno de los personajes más influyentes del escenario político nacional.

Llegarán más propuestas retrógradas y más soluciones populistas del gran patrón del Ubérrimo, mientras el señor presidente Duque seguirá lamiendo la mano de quien mañana le habrá de pegar.


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